Cuando ocurre un incidente de ciberseguridad, la pregunta suele ser inmediata: ¿qué falló? Con frecuencia, la respuesta apunta a una brecha técnica, una herramienta insuficiente o una configuración incorrecta. Sin embargo, en muchos casos, el verdadero fallo ocurrió mucho antes, en la forma en que el riesgo fue comunicado y entendido dentro de la organización.
La mayoría de los CISOs cuenta con un alto nivel de conocimiento técnico. Saben identificar vulnerabilidades, evaluar amenazas y diseñar controles adecuados. El problema aparece cuando ese conocimiento no se traduce en mensajes comprensibles para la alta dirección y otras áreas del negocio. El riesgo existe, pero no se percibe como relevante hasta que el daño ya está hecho.
Uno de los errores más comunes es comunicar ciberseguridad en términos exclusivamente técnicos. Métricas, siglas y reportes detallados pueden ser útiles para equipos especializados, pero resultan ineficaces para quienes toman decisiones estratégicas. Cuando la dirección no entiende el impacto real, la ciberseguridad pierde prioridad frente a otras iniciativas.
La falta de comunicación clara también afecta la toma de decisiones. Riesgos que deberían escalarse a nivel ejecutivo se quedan atrapados en reportes técnicos. Advertencias importantes se diluyen entre información secundaria. El resultado es una organización que cree estar informada, pero que en realidad no comprende dónde está realmente expuesta.
En Latinoamérica, este desafío se intensifica por estructuras jerárquicas y culturas organizacionales donde cuestionar o insistir puede percibirse como confrontación. Muchos CISOs optan por suavizar el mensaje o esperar el momento “adecuado”, sin darse cuenta de que el silencio también es una forma de falla.
Comunicar bien no significa alarmar constantemente. Significa priorizar, contextualizar y adaptar el mensaje a la audiencia. Implica explicar escenarios, consecuencias y decisiones necesarias. Cuando la comunicación es efectiva, la ciberseguridad deja de ser un tema técnico y se convierte en una conversación de negocio.
Las organizaciones que han avanzado en madurez suelen compartir un rasgo común: el CISO es capaz de influir. No porque sepa más de tecnología, sino porque sabe explicar riesgos, escuchar preocupaciones y construir consenso. La comunicación se convierte en una herramienta estratégica, no en un complemento.
Para el CISO, mejorar la comunicación es una inversión directa en su efectividad. Desarrollar habilidades para presentar, negociar y alinear expectativas permite que las decisiones se tomen a tiempo y con mejor información. La técnica sigue siendo fundamental, pero sin comunicación pierde impacto.
El CISO no falla en ciberseguridad por lo técnico. Falla cuando no logra que otros entiendan por qué la ciberseguridad importa, qué está en juego y qué decisiones deben tomarse. En ese espacio, la comunicación se vuelve tan crítica como cualquier control tecnológico.
Acciones inmediatas
- Revisa si tus reportes ejecutivos priorizan decisiones o solo muestran métricas técnicas.
- Traduce riesgos técnicos en escenarios de impacto para el negocio.
- Adapta el mensaje de ciberseguridad según la audiencia y su nivel de responsabilidad.
- Reduce la cantidad de información y aumenta la claridad del mensaje.
- Busca retroalimentación de la dirección sobre qué información les resulta útil.
- Desarrolla habilidades de comunicación como parte de tu rol como CISO.
Si la ciberseguridad sigue siendo percibida como un tema técnico y no estratégico en tu organización, es momento de revisar cómo se está comunicando el riesgo. Contáctanos y trabajemos en una narrativa que permita alinear ciberseguridad y negocio.