Hasta hace poco, los deepfakes eran vistos como curiosidades tecnológicas: videos divertidos o imitaciones bien logradas de celebridades. Pero esta tecnología ha evolucionado al punto en que puede ser utilizada como arma en el mundo de la ciberseguridad. Hoy, los deepfakes ya no son solo entretenimiento: son una nueva frontera en la manipulación de la información, y representan un riesgo creciente para las organizaciones.
Un deepfake es un contenido generado por inteligencia artificial que simula la voz, rostro o comportamiento de una persona real. Lo preocupante es que la calidad de estas simulaciones ha mejorado tanto que pueden ser prácticamente indistinguibles de una grabación legítima. Esto abre la puerta a ataques de ingeniería social altamente convincentes, donde un ciberdelincuente puede suplantar la identidad de un CEO, un cliente o un proveedor.
Imagina recibir una videollamada de alguien que parece tu jefe directo pidiéndote transferir fondos con urgencia. La voz es idéntica, la imagen también. Si el contexto es creíble, ¿cuántas personas cuestionarían la instrucción? Este tipo de escenarios ya han ocurrido, con casos documentados en Europa y Asia, donde empresas perdieron grandes sumas de dinero debido a la confianza en una identidad falsificada.
El riesgo va más allá del fraude financiero. Los deepfakes también pueden utilizarse para difundir información falsa, manipular mercados, dañar la reputación de una empresa o influir en decisiones estratégicas. En entornos polarizados, un audio o video falso atribuido a un líder puede desatar consecuencias reputacionales y operativas difíciles de revertir.
Frente a este nuevo escenario, la ciberseguridad debe expandir su alcance. Ya no basta con proteger sistemas y redes; ahora también se debe considerar la veracidad del contenido que circula. La verificación de identidad, el entrenamiento del personal ante nuevas formas de engaño y el monitoreo de señales anómalas se vuelven esenciales para prevenir este tipo de ataques.
Una de las medidas más efectivas es establecer protocolos estrictos para validación de instrucciones sensibles. Por ejemplo, que ninguna transferencia importante se apruebe únicamente por voz o video, sin una verificación adicional. También es útil formar a los equipos en cómo detectar señales sutiles de manipulación: gestos que no coinciden, audio desincronizado o comportamientos fuera de lo común.
Además, el área de comunicación debe estar preparada para responder rápidamente en caso de que la empresa sea víctima de un deepfake. Tener un protocolo de crisis, monitoreo en redes y canales oficiales activos ayuda a contrarrestar la desinformación antes de que se propague. En estos casos, la velocidad y la claridad del mensaje son claves.
En TBSEK creemos que la aparición de los deepfakes es una llamada de atención para ampliar nuestra visión de la ciberseguridad. La manipulación de la percepción será uno de los mayores retos en los próximos años. Prepararse hoy no significa caer en paranoia, sino reconocer que la confianza, una vez comprometida, es difícil de recuperar. Y protegerla debe ser parte central de cualquier estrategia digital.
Acciones inmediatas
- Capacita al personal sobre qué son los deepfakes y cómo pueden usarse en ataques
- Implementa doble validación en instrucciones sensibles, incluso si parecen legítimas
- Establece protocolos claros de verificación de identidad por múltiples canales
- Prepara a tu equipo de comunicación para responder ante incidentes de desinformación
- Monitorea redes y medios en busca de contenido falso que involucre a tu organización
- Evalúa herramientas tecnológicas de detección de deepfakes si tu sector es de alto riesgo